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10-07-2015

Haz del dolor del parto tu mejor aliado

Es curioso cómo a veces te encuentras escritos por la web , que mientras los lees te sientes que lo estuvieras escribiendo tú. Palabras que una ha dicho muchas veces en charlas con las mujeres y en los cursos de Preparación al parto. Incluso la bibliografía que una ha leído . Me siento muy identificada en este post y por eso lo comparto aquí. 
Será por que somos matronas que compartimos las mismas vivencias y vocación por la mujeres y el proceso del nacimiento.
Enhorabuena por este post en Diario de una mamifera

Cuando cursaba mi formación como matrona, en una ocasión tuve una conversación con un matrón que resultó un antes y un después para mí. Sí, un hombre, y lo admiraba precisamente por la tranquilidad que me transmitía. Me encantaba observar cómo trataba a las mujeres, siempre con muchísimo respeto y delicadeza.

Ese día atendíamos a una mujer que no deseó analgesia y caminaba por el paritorio mientras no dejaba de chillar como un animal salvaje con cada contracción. Los dos la observábamos sentados en una esquina y recuerdo que le dije: “ay qué pena me da verla sufrir…”. Él
me contestó: “Pues eso es algo que debes trabajarte como matrona, ¿cómo si no vas a acompañar a las mujeres? Aprende a mirar el dolor del parto desde otra perspectiva, no están sufriendo, es su aliado, y tú como matrona debes trasmitirles fuerza, no pena. No puedes atender los partos desde tus propias frustraciones. Te aconsejo que leas el libro de Verena Schmid, El dolor del parto, y seguro que entiendes esto que te estoy diciendo”.

Y así fue, me lo leí, un libro maravilloso! y a partir de ahí comenzó un largo camino de comprensión y respeto por el proceso natural del parto y el dolor como un elemento más, que no siempre estará presente pero en la mayoría de las veces sí.

A través de las vivencias de las mujeres aprendí que no es lo mismo dolor que sufrimiento. Muchas mujeres me han contado que a pesar del dolor que sentían en las contracciones, la seguridad y confianza en si mismas, la felicidad de poder parir a sus hijos, la emoción de que
pronto estarían entre sus brazos, el sentirse en total armonía con el proceso del parto porque se dejaban fluir en él sin miedo o tener un acompañamiento respetuoso, tanto de la pareja como de los profesionales, no le daban un sentido negativo al dolor. Lo asumían como parte del proceso sin más.

En otra ocasión, recuerdo el relato de una mujer que me contó que llegó al paritorio con contracciones de parto, dolorosas, pero se encontraba bien porque cuando tenía una contracción se agarraba de su pareja, los dos resoplaban juntos abrazados y cuando se pasaba, comenzaba a caminar de nuevo. Cuando la ingresaron en el paritorio, la pasaron sin su pareja, que debía permanecer en la sala de espera. Tan solo fueron 15 o 20 minutos en los que le pusieron el camisón del hospital, la tumbaron en la cama para cogerle una vía y colocarle el registro cardiotocográfico, pero me contaba que al quedarse sola sin el
apoyo de su pareja y no poder moverse, las pocas contracciones que tuvo en ese lapso de tiempo le dolieron mucho más que cualquiera de las del resto del parto.

Otra mujer también, me contaba que a ella lo que le apetecía durante las contracciones era chillar, sentía que era la mejor forma de liberar el dolor y la tensión, pero que le daba vergüenza hacerlo en el paritorio. No se sintió libre y eso hizo que su vivencia fuera negativa.

Por eso me encanta esta frase de Verena Schmid: “El sufrimiento aumenta considerablemente ante el intento de reprimirlo y disminuye cuando se acepta sin oponer resistencia"

Las mujeres deben ENTENDER y ACEPTAR el dolor del parto como parte del proceso:

Un aliado como es el faro para un marinero, generando señales en tu cuerpo que te indicaran el camino.

Christiane Northrup lo explica perfectamente en su libro Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer: “El dolor en la labor de parto es una fuerte señal que dice: “Deja de hacer lo que estás haciendo y presta atención”. Te “obliga” a entrar dentro de ti…..Observando a las mujeres a lo largo de sus embarazos comencé a comprender que la naturaleza tenía que enviar una señal para que las mujeres dejaran de hacer lo que estaban haciendo, buscaran un lugar seguro para dar a luz y reunieran a personas a su alrededor para que las ayudaran. Para algunas, nada inferior a un golpe con un mazo de hierro sería suficiente. Tenía que ser una señal a la que nadie hiciese oídos sordos, pero que al mismo tiempo permitiera a la madre participar en el parto si las circunstancias así lo requerían”.

Un aliado que te indica cómo respirar, a la velocidad que marca tu instinto, conectada con tu bebé y respirando ambos al ritmo de las contracciones. 

Un aliado que te indica cómo moverte y qué postura adoptar, precisamente el movimiento es un ingrediente fundamental para favorecer el encajamiento y descenso del bebé en el canal del parto, y curiosamente las posturas que más alivian a las mamás son en las que la apertura de la pelvis es máxima o en las que actúa la gravedad y es más fácil pujar (cuatro patas, cuclillas o de pie).

Un aliado que te permitirá bucear en los más profundo de tu ser para sacar toda la fuerza volcánica de tu útero. Una gran oportunidad para descubrirte como mujer y conectar con la fuerza que a lo mejor ni siquiera sabías que poseías.

Dice también Verena Schimd: “Enfrentarse al dolor desconocido provoca miedo y angustia, y soportarlo durante tantas horas pone a prueba la fuerza individual; el dolor crea una verdadera crisis existencial, activa todos los recuros emocionales de la mujer, vuelve a enceder viejos “focos” ocultos en el inconsciente de su propia historia personal y lleva a la mujer a sus límites más extremos hasta darle la impresión de haber utilizado ya todos sus recursos, este momento coincide con la rendición – “ya no puedo más”- representa el abandono y le permite convertir la fuerte energía de su cuerpo en acción. El abandono representa la superación de los límites personales, la transformación, conduce al progreso del parto, al nacimiento y potencia el poder personal de la mujer.”

Así mismo, las comadronas no debemos guiar y acompañar a las mujeres de parto desde nuestros propios miedos o frustraciones, sino actuar como la fuerza impulsora en los momentos de flaqueza de las mujeres o como la luz del faro que indica el camino al marinero, recordarles que SÍ PUEDEN.

Quizás antes de atender partos debamos “sanar nuestras almas”, pues también nuestra energía, la que ponemos en los partos, la que compartimos con las familias que atendemos, debe estar cargada de buenas vibraciones y propósitos, en lugar de miedos e inseguridades.

 

de Diario de una mamífera / 12 mayo, 2015

https://diariodeunamamifera.wordpress.com/2015/05/12/el-dolor-del-parto-tu-mejor-aliado/

 

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